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Moda · Nº 42 · 12 de octubre de 2026

Kim Kardashian cambia el rojo por el rosa pastel en la Fórmula 1

La empresaria acudió al Gran Premio de Singapur para apoyar al piloto Lewis Hamilton luciendo una propuesta visualmente inesperada. Desmarcándose del tradicional tono escudería, la estrella combinó la silueta ajustada que define su estilo personal con matices deportivos, demostrando cómo adaptar la estética de las carreras al vestuario urbano a través de tonos pastel.

Foto: Vogue

Olvidaos de las cazadoras moteras de cuero desgastado y del previsible rojo escudería que acostumbra a inundar los circuitos. Kim Kardashian ha decidido redefinir la etiqueta deportiva en el Gran Premio de Singapur demostrando que los tonos pastel y la lencería de alta gama pueden abrirse paso entre el rugido de los monoplazas. La fundadora de Skims y estrella mediática aterrizó en la prueba asiática para arropar a Lewis Hamilton, convirtiendo el asfalto del paddock en su propia pasarela con una elección que descolocó por completo las expectativas habituales.

En lugar de adoptar la indumentaria de carreras convencional, la empresaria californiana optó por introducir una dosis masiva de romanticismo visual bajo las luces nocturnas del circuito. El contraste entre la alta tecnología de la competición y la sutil delicadeza de su vestido puso de relieve la facilidad con la que Kardashian adapta entornos tradicionalmente masculinos a su propio universo estético sin renunciar a su identidad.

Kim Kardashian subvierte los códigos de la velocidad demostrando que la feminidad romántica y el diseño de archivo tienen un hueco privilegiado en los circuitos.

Transparencias de Alaïa bajo los focos

El eje central del estilismo fue un maxivestido semitransparente de cuello cisne en tono cuarzo rosa, extraído directamente de la colección primavera 2024 de la firma Alaïa. La prenda combinaba una estructura interior ceñida tipo leotardo con una falda larga vaporosa que acariciaba el suelo al caminar, fusionando de manera equilibrada las tres grandes señas de identidad que definen a la celebridad: siluetas ceñidas, reminiscencias deportivas y una feminidad marcada y desinhibida.

Para rematar la propuesta, Kardashian incorporó unas gafas de sol oscuras de silueta cat-eye y un exclusivo bolso Hermès Mini Kelly en rosa pastel adornado con charms plateados. Esta cuidada alianza entre prendas fluidas y complementos de coleccionista consolidó una imagen dulce pero rotunda, en perfecta consonancia con las apariciones cómplices que ha venido protagonizando recientemente junto a Hamilton.

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Un lenguaje compartido sobre el asfalto

Su paso por Singapur no representa un experimento aislado, sino un paso firme en una trayectoria ligada al automovilismo que empezó a fraguarse meses atrás. En junio acudió al Gran Premio de Mónaco acompañada de su hermana Khloé, donde debutó apostando por un body negro transparente combinado con vaqueros anchos y tacones finos, para más tarde cambiar a un vestido drapeado en tono crema con un hombro al aire y espalda descubierta. Aquellas primeras elecciones recuperaban la nostalgia de los primeros años dos mil, pero su paso por tierras asiáticas apunta hacia una dirección mucho más refinada.

Desde que la pareja comenzó a dejarse ver en febrero por la campiña inglesa de los Cotswolds y más tarde en la Super Bowl vistiendo riguroso negro, ambos han ido construyendo un vocabulario de moda compartido. Sus viajes por Tokio, Lake Como o el festival de Coachella, así como sus paseos en bicicleta por Londres o sus cenas en Nobu Malibú, han servido de escenario para coordinar gustos afines por la estética deportiva y las firmas de lujo de primera línea.

Redefiniendo el vestuario en las carreras

Esa sintonía estilística alcanzó su cénit en Los Ángeles durante la inauguración del Lucas Museum of Narrative Art en septiembre, cuando Kim brilló con un diseño de archivo firmado por Tom Ford para Saint Laurent en 2004 mientras Hamilton apostaba por un elegante traje de Anthony Vaccarello para la misma casa. Lejos de competir por el protagonismo, ambos creadores de tendencias han sabido sincronizar su imagen pública para posicionarse como uno de los referentes culturales más seguidos del momento.

Kim Kardashian subvierte los códigos de la velocidad demostrando que la feminidad romántica y el diseño de archivo tienen un hueco privilegiado en los circuitos. Habrá que permanecer muy atentos a las próximas paradas del calendario para comprobar si este cambio de registro hacia los tonos dulces termina imponiéndose de forma definitiva en las pistas. ¿Qué os parece esta reinvención del armario de paddock o consideráis que el espíritu del motor exige prendas más contundentes?

¿Por qué importa? Reinterpreta el código deportivo de las carreras desde una óptica de sensualidad urbana contemporánea.

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